Luciendo una remera roja, su color favorito, Tiger Woods jugó una
última vuelta como en sus mejores tiempos. Fue después de un teórico
mano a mano con Phil Mickelson. Esta es mi versión del segundo torneo de
la World Golf Championship 2011.
El Cadillac Championship brindó la posibilidad de ver jugar juntos a los
seis primeros del ranking mundial, divididos en dos grupos, al
confeccionar las dos vueltas iniciales.
El alemán Martín Kaymer (primero), los ingleses Lee Westwood (segundo) y
Donald Lucas (tercero), por un lado. El norirlandés Graeme McDowell
(cuarto), los estadounidenses Tiger Woods (quinto) y Phil Mickelson
(sexto), por el otro.
Un acierto como atracción. A mi me atrapó la idea de ver un mano a mano
entre Tiger y Phil, porque Mickelson tenía la oportunidad de quedar por
primera vez delante de su compatriota en el ranking mundial, desde que
son adversarios. Una meta arañada por Phil después de su triunfo en
Augusta 2010, la que dejó escapar en varias oportunidades de convertirse
en el "number one" del mundo.
Transformé al TPC Blue Monster del Doral en un inmenso ring, escenario
de un combate entre ambos y así seguí los hoyos como si fuesen rounds.
El jueves (jornada inicial), tras una tormenta, que dejó el campo en
condiciones excelentes, donde brillaba el juego de los demás, en tanto
el de ellos era una continuidad de más errores respecto de los aciertos.
La puntuación determinó 70 para Tiger, 73 para Phil. Era apenas un
detalle. Se asemejaban a dos extraviados en un laberinto. Yo estaba
desilusionado. Aguardaba que al verse frente a frente surgiese a pleno
el potencial de quienes habían sido el 1 el 2 durante tantos años.
No varió el panorama el viernes. Muchos más errores que aciertos. Cómo
en el día anterior, Woods resolviendo los problemas, pero sin lograr la
solución total, al fallar putts que en su etapa de esplendor eran parte
de su repertorio, mientras que Mickelson era la contrapartida en ese
sentido.
Puntuación, 71 para Phil, 74 para Tiger. Sumaron los dos 144 (el par) a
nueve golpes del líder Hunter Mahan. Y esa paridad en el score determinó
que el mano a mano se extendiese a la tercera vuelta del sábado,
diagramada en parejas en vez de tercetos. Sólo ellos, con los guantes
calzados para dejar fuera de combate al otro.
En realidad no hubo knock out. Tiger bajó el promedio de putts de la
tercera vuelta de 1,917 a 1,769. Logró cuatro birdies y cometió dos
bogeys. Phil bajó de 57% a 29%, el porcentaje del rendimiento de colocar
la pelota en los fairways y se defendió con 1,625 en los greens. Bajó
cinco hoyos, hizo tres bogeys y un doble bogey cerca del final.
Puntuación, 70 para Tiger, 72 para Phil. Con 214, Woods se ubicó en la
30ª ubicación. Con 216, Mickelson en la 42ª. Se separaron para el último
recorrido y si tomo como base mi pensamiento inicial o sea ese mano a
mano imaginario, en el hoyo 54 el árbitro levantó la mano de Tiger
proclamándolo vencedor por puntos.
TIGER EN UN FINAL A TODA ORQUESTA
Como si se hubiese liberado de haber tenido a Mickelson a su lado, el gran vencedor general de la última jornada fue el ex número uno del mundo. Tiger Woods, en esa vuelta hizo recordar al jugador que dominó con mano de hierro el golf mundial hasta que comenzaron sus problemas conyugales. Woods no terminaba de encontrar su juego en este certamen, pero el domingo 13 de marzo se despertó como si un click se hubiese producido en su mente y volvió a disfrutar de sus mejores golpes, a tal punto que el aproach del hoyo 17 fue elegido como el mejor golpe de la semana por la PGA Tour. Siete birdies y un único bogey lo depositaron en el décimo puesto. Con 280 (ocho bajo el par) sólo fue superado por Luke Donald (277) entre el sexteto que compusieron los primeros del ranking mundial. Detrás suyo concluyeron Westwood (282), Kaymer (284), McDowell (289) y Mickelson (292). Mientras Tiger acaparaba aplausos, Phil no disfrutó nada. Sería injusto retornar a dar un resultado final del supuesto enfrentamiento entre ambos en el monstruo del Doral. Dejó ese pensamiento en manos de cada uno de ustedes. Para mi, Tiger se retiró pleno de optimismo pensando en Augusta. Phil regresó a su casa llevando una mochila cargada de problemas, cuando el momento del defender el título del Masters está muy cerca. Por otro lado, creo que el Augusta Nacional Golf Club, en Georgia, puede empezar a dilucidar nombres en el crucigrama que provocó en el golf mundial la infinidad de Woods. Será cuestión de esperar para ilusionarse o mantenerse en la nebulosa, a no ser que usted piense distinto. Que se sepa.
Eduardo Alperín es periodista deportivo desde 1958. Fue prosecretario de deportes del diario La Nación de Buenos Aires y cubrió los Juegos Olímpicos de Montreal 76, Moscú 80, Los Angeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96, Sydney 2000 y Atenas 2004. Fue jefe de prensa del Comité Olímpico Argentino entre 1995 y 2002. Actualmente, cubre el área de prensa de ESPN Sur y es columnista de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.
Como si se hubiese liberado de haber tenido a Mickelson a su lado, el gran vencedor general de la última jornada fue el ex número uno del mundo. Tiger Woods, en esa vuelta hizo recordar al jugador que dominó con mano de hierro el golf mundial hasta que comenzaron sus problemas conyugales. Woods no terminaba de encontrar su juego en este certamen, pero el domingo 13 de marzo se despertó como si un click se hubiese producido en su mente y volvió a disfrutar de sus mejores golpes, a tal punto que el aproach del hoyo 17 fue elegido como el mejor golpe de la semana por la PGA Tour. Siete birdies y un único bogey lo depositaron en el décimo puesto. Con 280 (ocho bajo el par) sólo fue superado por Luke Donald (277) entre el sexteto que compusieron los primeros del ranking mundial. Detrás suyo concluyeron Westwood (282), Kaymer (284), McDowell (289) y Mickelson (292). Mientras Tiger acaparaba aplausos, Phil no disfrutó nada. Sería injusto retornar a dar un resultado final del supuesto enfrentamiento entre ambos en el monstruo del Doral. Dejó ese pensamiento en manos de cada uno de ustedes. Para mi, Tiger se retiró pleno de optimismo pensando en Augusta. Phil regresó a su casa llevando una mochila cargada de problemas, cuando el momento del defender el título del Masters está muy cerca. Por otro lado, creo que el Augusta Nacional Golf Club, en Georgia, puede empezar a dilucidar nombres en el crucigrama que provocó en el golf mundial la infinidad de Woods. Será cuestión de esperar para ilusionarse o mantenerse en la nebulosa, a no ser que usted piense distinto. Que se sepa.
Eduardo Alperín es periodista deportivo desde 1958. Fue prosecretario de deportes del diario La Nación de Buenos Aires y cubrió los Juegos Olímpicos de Montreal 76, Moscú 80, Los Angeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96, Sydney 2000 y Atenas 2004. Fue jefe de prensa del Comité Olímpico Argentino entre 1995 y 2002. Actualmente, cubre el área de prensa de ESPN Sur y es columnista de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.

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